Pensar a Cuba, pensarnos, explicar cómo nos vemos, cómo creemos ser vistos...

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jueves, 11 de diciembre de 2025

Un Premio Nobel de la Paz o un Zar para Cuba

 


Entrega del Premio Nobel de la Paz, 2025 @Foto: Euronews
A raíz de la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado y las reacciones de periodistas, politólogos y líderes políticos, no he dejado de pensar en nuestro “caso cubano”.

Hoy, la Plataforma que aglutinó a toda la oposición en Venezuela afirma tener un plan para los primeros 100 días de gobierno inmediatamente que se produzca la transición de poder, ergo, la salida del usurpador Maduro.

Se cumplen diez años de oposición en las condiciones que ya sabe el mundo, comenzando por la persecución, bajo amenaza de violencia extrema, a los líderes que encabeza María Corina Machado.

Pero son, también, diez años de trabajo, pensando y delineando qué hacer en el país, una vez en el poder.

Por más que leo opiniones y análisis sobre Cuba, no acabo de ver la punta de la madeja; todo se limita a describir el estado actual y a comparar con lo que había antes de 1959 (malo, regular y bueno; por cierto, sin citar las fuentes, porque en la inmensa mayoría de las opiniones no se mencionan estadísticas fiables).

Me pregunto:

  • ¿Dónde está el líder que aglutine todas las fuerzas, grupos, plataformas y cualesquiera otras formas organizadas, que sea el interlocutor internacional y la voz de los cubanos para el diálogo en todos los ámbitos?
  • ¿Qué ideología, evidentemente enfrentada a la gastada marxista-comunista-castrista, defenderemos?
  • Hay muchos odios larvados y mucho rencor acumulado, sin que se vislumbre la sincera voluntad de unidad en un frente común para quitar del poder al gobierno castrista-canelista, culpable absoluto.
  • No deja de asombrarme el cambio de chaqueta (chaqueteros en Chile y, por extensión en Latinoamérica) de los miembros del apparatchik, que un buen día aparecen paseándose por una calle de USA, Europa (con ciudadanía española legada por sus abuelos) y hasta tildan de cobardes, sumisos y casi esclavos a los que hasta ayer reprimían, perseguían y encarcelaban, y ahora, “desde una mesa repleta”, que diría el cantor del castrismo, incitan a la rebelión para “tumbar el castrismo”.
  • Medito sobre las opiniones y declaraciones de algunos expresos políticos o exiliados que han padecido en carne propia la cárcel y la violación de numerosos derechos humanos y no acabo de ver el alcance de sus acciones respecto a la Isla, más bien capto inmediatamente las limitaciones en sus discursos (descripción de la vida carcelaria de los presos políticos y formas de represión a ellos y sus familiares para silenciarlos). No digo que esté mal, sino que es insuficiente: falta una visión de más alcance.
  • El discurso, mayoritariamente, imita las formas inoculadas por el castrismo, lo que, a mi juicio, no produce el efecto esperado y deseado por los cubanos, especialmente los de la Isla, que padecen hoy el colapso total (frase redundante, pero ilustrativa).

Mientras, Cuba ya está en los niveles de la Rusia que sobrevino a la perestroika y la glásnot: represión siempre en ascenso (más de mil presos políticos) corrupción, fuga del capital (en manos de GAESA especialmente) pobreza extrema, inflación, economía paralizada y, para superar la Rusia de los ‘90, desastres naturales, éxodo mayoritario de la población laboralmente activa y enfermedades (y muerte, muchas muertes) que han venido a destapar el colapso sanitario de lo que románticos trasnochados aún se empeñan en llamar “potencia médica”.

Me pregunto si hay un Premio Nobel de la Paz esperando por un cubano o si tendremos un zar al estilo Putin a la vuelta de la esquina.