Pensar a Cuba, pensarnos, explicar cómo nos vemos, cómo creemos ser vistos...

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jueves, 29 de enero de 2026

Que levante la mano el que no quiera libertad

 

Una mujer espera por los turistas en La Habana.
© Foto de la autora

Me asquean los comentarios en RRSS sobre Cuba, por redundantes, victimistas e improductivos. Para no decir que están firmados por ignorantes, seudofilósofos, cubanólogos de medio pelo e historiadores iletrados.

El que tiene una pantalla táctil ya es un graduado universitario, un experto a tiempo completo de lo que sea y de donde sea que, además, niega el derecho a réplica con ofensas, insultos y hasta amenazas a quien opine en contra, amén de echarlo de una conversación (chat, para entendernos).

“Redundancia” es sinónimo de inutilidad. Y con eso ya está dicho todo.

Cada día centenares de “comentadores” describiendo la misma realidad, explicando lo mal que está todo, la falsedad de un sistema que ha viajado en sentido contrario a lo que prometía.

Cada día miles y miles de conversaciones repitiendo -y mostrando- que las calles están llenas de basura, que las enfermedades no paran, que los apagones menos…, etc.

Cada día decenas de expertos afirmando que ahora sí se acabó, que el régimen está en las últimas.

Cada día ridiculizando más a unos funcionarios mediocres que mañana acatarán las nuevas leyes.

Incidentes, anécdotas, casos y más casos, ejemplos de represión continuada. Todo esto, bien para ilustrar la vida nacional en presente.

Pero lo que considero gravísimo es que unos cuantos repitan que la sociedad cubana no está preparada para vivir en libertad, que los cubanos -de la Isla, se entiende- prefieren vivir en la miseria actual que enfrentarse a un cambio.

Pero nadie, absolutamente nadie -invito a que me envíen los enlaces de los que sí lo han hecho- ha roto una lanza por la sociedad cubana depositando en ella la responsabilidad del cambio.

Este es el juego de la doctrina y los adoctrinados: un lenguaje totalitario que no deja margen a nada ni a nadie. O se está con el castrismo-canelismo o en su contra. Y el pueblo de la Isla no sabe-no contesta (como en las encuestas).

Y por lo que se infiere de las redes sociales, excepto unos poquísimos opositores dentro, tampoco se rebela, más allá de las caceroladas nocturnas y los grafitis -o se inmola, ya puestos-, y está sometido y agradecido al sistema represor.

Ya nadie desconoce que la legislación cubana ni ampara, ni protege ni regula nada. El secreto guardado a voces es que todo el mundo, empezando por el sistema financiero, la economía y hasta la sanidad, vive en paralelo, para no decir en otra galaxia, “far-far away” al gobierno.

Un par de veces he comentado en alguna publicación que sigo esperando el otro discurso. O la otra narrativa, que es lo que se lleva ahora.

Es hora de que nos preguntemos todos los cubanos, de dentro y de fuera de la Isla:

¿Dónde está el interlocutor que hablará con el gobierno castro-canelista, con la opinión pública internacional y especialmente con los dos actores que están promoviendo los cambios en el Caribe, Marco Rubio y Donald Trump?

Digo interlocutor y estoy diciendo líder con formación, cultura -política y especialmente mucha de la otra-, capacidad de diálogo y negociación para poner de acuerdo en un frente común a todos los grupos y fuerzas opositoras, hoy tan fragmentadas y pagadas de sí mismas e incapaces en seis décadas largas de conseguir este objetivo. Y con carisma suficiente para que su mensaje cale en el corazón de cada cubano, más allá de su credo, ideología, posición económica o lugar del mundo en el que viva.

El líder con capacidad, virtudes y carisma para asumir la dirección de la sociedad cubana tendrá que comenzar por creer en ella.

¿Quién le ha preguntado a una mujer sin hijos si está preparada para ser madre y que solo así podrá engendrar hijos?

Porque los hijos, como el matrimonio, como la familia, no vienen con manual de instalación. Y en toda la tierra, todos los tiempos y todas las circunstancias, han nacido niños, matrimonios y familias.

¿Quién le ha preguntado a cada cubano si quiere vivir en libertad?

Vicios, ilegalidades, violencia, drogas. Sí. Sale lo peor de la sociedad en sus tiempos más críticos y las virtudes parece que se mueren cada día.

¿Le preguntaron a la sociedad salvadoreña si sabría vivir sin pandillas, sin guerras urbanas y sin violencia?

Crecí con aquel refrán salido de una frase con frecuencia atribuida a Platón: “la necesidad es la madre de la invención”.

La generación predominante en la Isla hoy ya no es la mía (nací el mismo año que se fundó el PCC y comí doctrina por un tubo), y no se identifica con el discurso socialista de Fidel Castro y seguidores. Pero es la generación de mis hijos y de los hijos de mis hijos. Los conceptos de patria, revolución, internacionalismo, etc., además de la historia de Cuba, les son indiferentes (para bien o para mal); las leyes son burladas o, cuando menos, esquivadas. Y el sueño es el de largarse de la Isla como si es en una bala del cañonazo de las nueve.

Pero tan cierto como esto es que dejan en Cuba a “sus viejos”, a sus hijos menores y sólo cargan una ligera mochila. Y se van a empezar de cero en USA (ya no, como se sabe), atraviesan Centroamérica en una de las travesías, Suramérica en otra o San Petersburgo en la tercera, amén de que prefieren ser prisioneros de guerra en Ucrania, a servir de mercenarios en el ejército Ruso, para trabajar. Y aprenden a hablar inglés, portugués, francés, ruso…, y trabajan y ahorran un dinero con el que, a precio de oro, sus viejos comprarán corticoides en la Isla para aliviar las secuelas del chikunguya.

¿Son flojos? ¿Son cobardes? ¿Son incapaces de vivir dentro de una democracia y respetar sus leyes?

¿Cuántos cubanos del pueblo, de esos que se van rotos por dentro y por fuera, son hoy día jefes de cárteles de narcotráfico o de mafias internacionales?

¿Y cuántos están encarcelados o procesados en los países a los que han arribado por cometer ilegalidades?

Acabo de regresar de Brasil. Allí he visto a mis paisanos y he hablado con ellos: hacen Uber, reponen mercancías o son cajeros de supermercados, trabajan en la construcción o emprenden sus propios negocios. Y salen adelante con empuje, con valor. Sus hijos van a la escuela, aprenden portugués…, empiezan a ser parte de otra sociedad. Y NO TIENEN MIEDO. Y RESPETAN LAS LEYES. Y SABEN VIVIR EN LIBERTAD.

La necesidad devolverá el carácter y las virtudes a la sociedad cubana.

Me asquea que no se reconozca el valor y la idiosincrasia de mi nación. Porque yo sí sé que los cubanos quieren y sabrán vivir en libertad y en democracia. Recuerden una frase tan nuestra: “nadie nació sabiendo”.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Un Premio Nobel de la Paz o un Zar para Cuba

 


Entrega del Premio Nobel de la Paz, 2025 @Foto: Euronews
A raíz de la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado y las reacciones de periodistas, politólogos y líderes políticos, no he dejado de pensar en nuestro “caso cubano”.

Hoy, la Plataforma que aglutinó a toda la oposición en Venezuela afirma tener un plan para los primeros 100 días de gobierno inmediatamente que se produzca la transición de poder, ergo, la salida del usurpador Maduro.

Se cumplen diez años de oposición en las condiciones que ya sabe el mundo, comenzando por la persecución, bajo amenaza de violencia extrema, a los líderes que encabeza María Corina Machado.

Pero son, también, diez años de trabajo, pensando y delineando qué hacer en el país, una vez en el poder.

Por más que leo opiniones y análisis sobre Cuba, no acabo de ver la punta de la madeja; todo se limita a describir el estado actual y a comparar con lo que había antes de 1959 (malo, regular y bueno; por cierto, sin citar las fuentes, porque en la inmensa mayoría de las opiniones no se mencionan estadísticas fiables).

Me pregunto:

  • ¿Dónde está el líder que aglutine todas las fuerzas, grupos, plataformas y cualesquiera otras formas organizadas, que sea el interlocutor internacional y la voz de los cubanos para el diálogo en todos los ámbitos?
  • ¿Qué ideología, evidentemente enfrentada a la gastada marxista-comunista-castrista, defenderemos?
  • Hay muchos odios larvados y mucho rencor acumulado, sin que se vislumbre la sincera voluntad de unidad en un frente común para quitar del poder al gobierno castrista-canelista, culpable absoluto.
  • No deja de asombrarme el cambio de chaqueta (chaqueteros en Chile y, por extensión en Latinoamérica) de los miembros del apparatchik, que un buen día aparecen paseándose por una calle de USA, Europa (con ciudadanía española legada por sus abuelos) y hasta tildan de cobardes, sumisos y casi esclavos a los que hasta ayer reprimían, perseguían y encarcelaban, y ahora, “desde una mesa repleta”, que diría el cantor del castrismo, incitan a la rebelión para “tumbar el castrismo”.
  • Medito sobre las opiniones y declaraciones de algunos expresos políticos o exiliados que han padecido en carne propia la cárcel y la violación de numerosos derechos humanos y no acabo de ver el alcance de sus acciones respecto a la Isla, más bien capto inmediatamente las limitaciones en sus discursos (descripción de la vida carcelaria de los presos políticos y formas de represión a ellos y sus familiares para silenciarlos). No digo que esté mal, sino que es insuficiente: falta una visión de más alcance.
  • El discurso, mayoritariamente, imita las formas inoculadas por el castrismo, lo que, a mi juicio, no produce el efecto esperado y deseado por los cubanos, especialmente los de la Isla, que padecen hoy el colapso total (frase redundante, pero ilustrativa).

Mientras, Cuba ya está en los niveles de la Rusia que sobrevino a la perestroika y la glásnot: represión siempre en ascenso (más de mil presos políticos) corrupción, fuga del capital (en manos de GAESA especialmente) pobreza extrema, inflación, economía paralizada y, para superar la Rusia de los ‘90, desastres naturales, éxodo mayoritario de la población laboralmente activa y enfermedades (y muerte, muchas muertes) que han venido a destapar el colapso sanitario de lo que románticos trasnochados aún se empeñan en llamar “potencia médica”.

Me pregunto si hay un Premio Nobel de la Paz esperando por un cubano o si tendremos un zar al estilo Putin a la vuelta de la esquina.

viernes, 14 de julio de 2023

Caballero de fina estampa

Hoy, catorce de julio, nos habríamos despertado a ver los sanfermines. Tú, con un “buenos días, cariño”; yo, con un “felicidades amor”. Tú restando solemnidad; yo, poniendo alegría. Tú habrías puesto Radio Clásica y yo escucharía a Chabuca Granda.

Pasadas las nueve, que te bajarías a la librería; yo, que te quedes, que el día del cumple uno se lo toma libre. Tú, que te bajas, por si pasa el Jardinero, o el Abogado o el padrazo de los tres hijos, que los viernes te acompaña a un carajillo.

Cerca de la una, me voy a por el coche y te hago de "choferesa", diría en ese juego semántico a buscarle femenino a todos los sustantivos neutros; tú, entre risa y más aportaciones, que a ver si acaba de pasar esa jodida moda.

Nos habríamos ido por aquella carretera entre pinares a almorzar (sí, “almorzar”, nunca renuncié a mi español caribeño). Tú, a paladear un buen tinto, “para eso estoy invitado”; habrías dicho con un conato de sonrisa (¿a mí o a la camarera?, habría dicho yo, en aquella actitud celosa, mitad verdad, mitad mentira); yo a decidirme por un pescado en un asador, que es como pedir peras al olmo.

Allá para los postres, viendo venir que empezabas a perderte en la selva oscura, donde cada vez con más frecuencia y tiempo te me escapabas, yo te hablaría del folio escrito en la mañana, esa novela a la que por fin he vuelto. Tú, que no me cuentes nada, que me gusta leerte de un tirón; yo, que necesito saber si voy por buen camino, que el tono, el estilo…, esas cosas. Tú insistiendo que prefieres tener el original impreso a dos espacios y con cuerpo catorce, cuando lo dé por terminado, si para entonces… Yo, con dos lagrimones asomando; tú, bromeando para quitar yerro: “ya te salió el alma caribeña”. Yo alzando mi copa, ¡salud!, dicho con todo mi ser, queriendo que esas cinco letras obren el milagro…

Pero estoy sola, cariño. Y voy hasta aquel árbol y me abrazo a él para escucharle el alma, imaginando que el suave movimiento de sus ramas está devolviéndome una caricia.

Y en un bar de pueblo, entre los veraneantes que han ido a por el aperitivo, me pido una cerveza que dejo a medias, porque se me atraganta esa frase terrible que aún me quiebra: “a tu memoria”.

Un año más, querido. Hoy sin Radio Clásica, pero con ese estribillo todo el día en mi cabeza: “caballero de fina estampa, quién te pudiera guardar”.