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domingo, 24 de noviembre de 2013

En su tercer aniversario


El día 25 de noviembre mi madre habría cumplido años. Hace tres escribí estos versos que, solo ahora, me atrevo a releer:
I

Se marcha la dama blanca.
Pongo entre sus manos azules
un ramo de gardenias.
Aquellos ojos hermosos en los que tanta novela leí
miran ya al infinito hacia el que viaja.
Se va esta mujer hermosa,
pasa, elegante, aun con tan exiguo aliento.
Y yo, que intento apresarla entre mis brazos,
tengo el corazón en la garganta
y entre latido y latido
no encuentro espacio para decirle adiós.

II

Iba la hija como rémora
sobre el cadáver en que la madre se convertía.
Bogaban sobre la corriente
en la que pierde la madre inexorable las últimas batallas.
Se aferraba la una al cuerpo inerte de la otra…
Navegarán juntas
caerán por los despeñaderos y las cataratas,
se hundirán aguas abajo,
pero la madre llegará sola, en uno de esos amaneceres,
al borde azul de su litoral definitivo.

sábado, 20 de febrero de 2010

España camisa blanca


No voy a hablar de Ana Belén y Víctor Manuel. Tampoco de Blas de Otero, sino de mi relación con España. Porque todo comenzó mucho antes de los cuatro años que voy a cumplir por estas tierras dentro de cuatro meses.
Publiqué en 2005 un librito de poemas que estuve escribiendo a lo largo de diez años; uno de esos eventos que me acontecen cada década, como he dicho ya. Eran décimas. Por supuesto. Y el título era una definición de los años de escritura, Con el ancla en tierra.
Traigo algunas de ellas ahora a propósito de una noticia que me sorprende: la vicepresidenta del gobierno español habla de “rescatar” la memoria de Miguel Hernández, ahora que se cumplen cien años del nacimiento del poeta. ¿Por qué rescatarlo? ¿Es que ha estado secuestrada la memoria del poeta de Orihuela? Nunca. De Miguel Hernández se ha hablado siempre, se le recuerda siempre, se le reconocen sus méritos literarios y humanos, está publicada su obra, popularizada por cantautores de prestigio internacional y muchos, muchos poetas, hemos glosado sus versos en Hispanoamérica. Los míos fueron escritos cuando tocó el turno a Irak, una guerra que destrozó el país. Yo quise llevar la cuenta de los días; al tercero ya no pude seguir escuchando aquellas noticias.

Segundo día

Como obligado, a despecho
el día de hoy amanece,
un fuego tenaz le escuece
hora a hora, trecho a trecho.
Sucio, cansado, maltrecho
y sangriento justamente
va a lavarse a alguna fuente
que estalló en la madrugada
y en el agua ensangrentada
sigue muerto el combatiente.

Tercer día

El mismo caballo, Ulises,
sobre las arenas pones,
en épocas de cañones
solo cambian los matices:
fulguraciones de grises,
el rayo detona, escapa
y un alud de arena tapa
las Babilonias de ayer,
pueblos que al amanecer
desaparecen del mapa.

Que los cuellos blancos no quieran traer al presente lo que nunca perteneció al pasado.

domingo, 3 de enero de 2010

Sobre tercos desafíos

Ponerse en el lugar del otro, escribir desde los sentimientos o las vivencias del prójimo, es un ejercicio intelectual que a la larga termina volviéndose contra una, o mejor dicho, termina una por aplicarse la moraleja. Eso han sido estos versos escritos a inicios de la década del '90; tal vez en el año 94. Este dato no necesita más comentarios. Hoy estas décimas tienen nueva dedicatoria: A los amancieros por el mundo.

Calle de sombra y bullicio
oro y calor del verano,
mi mano sobre tu mano...
¡Ay amor, por qué resquicio
te me filtras, y qué indicio
me salva de estar herida!
Mis manos no son tu brida
ni mi cuerpo tu corcel,
¡ay amor, no soy aquel
de tu aventura prohibida!
(***)
Volver a la primavera,
a la brisa y la amapola,
atrapar en una ola
el naufragio y la quimera.
Sonreír porque me espera
el sol que me conoció.
Ver la calle que olvidó
cuando me fui, una promesa
pues no soy el que regresa
ni tampoco el que partió.